Que me he hecho runner, tú…

Pues sí, quién se lo iba a imaginar… Si hace unos meses me dices que yo también me iba a apuntar a la moda esta de ponerse a correr por la calle para ponerse en forma, me hubiera reído a base de bien. En tu cara. Pero, mira por dónde…

En realidad, todo ha sido culpa de David y Sonia —unos amiguetes deportistas—, que me dieron envidia al verles en facebook, una y otra vez, participando en todo tipo de locuras: maratones, triatlones, triales. Sí, has leído bien: me dieron envidia. A mí, un tío con un largo historial de sedentarismo y sobrepeso.

No sé qué me ha pasado en el último año, pero me he transformado. Desde que en noviembre me tuve que volver a casa de mis padres tenía muy claro que una de mis prioridades tenía que ser el deporte y ponerme en forma. Me apunté al gimnasio, y no sólo he ido sino que sigo yendo. Vale, no voy tan a menudo como debería —y me gustaría—, pero voy. Yo iba al gimnasio en modo antisocial, como siempre, con mis auriculares hasta arriba de buen heavy metal y mejor hard rock, a darle caña a las máquinas de poleas y, de vez en cuando, a hacer algo de cardio. Luego, Eli —una amiga que ha transformado su cuerpo en unos años y que también me da mucha envidia— me convenció para que empezara a ir a una clase colectiva de entrenamiento funcional. Aquello me vino genial y los ejercicios que aprendí a hacer allí me acompañan ahora cuando voy yo solo.

Y en los últimos meses la metamorfosis ha seguido su curso: primero, la envidia que comenté de ver a David y Sonia participando en sus competiciones me llevó a proponerme como objetivo a medio-largo plazo el hacerlo yo también. Aunque en algo mucho menos ambicioso, alguna carrera de cinco kilómetros, diez, como mucho. Después, me marqué como objetivo el convertir el deporte en mi prioridad a partir de septiembre y lo estoy cumpliendo. Aunque no estoy consiguiendo ir más al gimnasio, sí que he conseguido hacer más ejercicio en general. Se ha juntado que a Javi —un viejo amigo del instituto— le ha dado por querer salir todos los sábados con la bici —esta semana completaremos el cuarto consecutivo— y que a mí me ha dado por empezar a salir a correr por las mañanas.

Antes del verano, si veía a alguien corriendo por la calle a las 6 o las 7 de la mañana me reía pensando Mira el pringao éste, pudiendo estar en la camita durmiendo tan a gustito. Ahora, el pringao soy yo. Aunque, qué coño, de pringao nada… La razón de que me haya hecho runner ha sido el curro. A mediados de agosto cambié de empresa y en el nuevo proyecto están siendo muy exigentes, muy poco organizados y muy Empresa De Consultoría Española. De las de ¿Por qué echar sólo ocho horas cuando puedes hacer diez?. Y, como estoy viendo que he entrado de lleno en ese mundo en el que sabes a qué hora entras a trabajar pero no a qué hora sales, pues he decidido tomarme la revancha entrando más tarde algunos días. Y, siguiendo mi máxima prioridad, ese tiempo extra lo quería dedicar a hacer ejercicio, no a dormir. Y, como a las 6 de la mañana no me quieren abrir el gimnasio, pensé que la única alternativa era salir a correr. Tampoco quiero eternizarme: salir a correr media hora y listo. Y eso estoy haciendo desde hace una semana.

Me he hecho runner, tú… quién me lo iba a decir.

Foto del post: Running by Giuseppe Milo