El discurso


English version

Todo empezó cuando mi hermano me pidió que escribiera algo para leer el día de su boda.

Venga, no seas rancio, hay gente que va a leer, ¿cómo no va a leer mi hermano?

Y yo pensé que tenía razón. Porque además me gusta escribir. Pero si hubiera sabido cómo iba a salir la cosa, quizá me lo hubiera tomado más en serio desde el principio.

A falta de unas dos semanas no había escrito una palabra cuando Raúl, mi hermano, me mandó un mensaje para meter presión, porque se lo debía estar oliendo. En esa conversación ya se me empezaron a ocurrir varias ideas; esto es algo que me pasa a menudo, suelo ser más creativo cuando alguien “piensa conmigo”.

Una de estas ideas, que al final deseché, era presentarme con un buen taco de folios y colocarlos sobre el atril mientras decía “Bueno, intentaré ser breve”. Menos mal que decidí no hacer esto porque al final no hubo atril y hubiera sido un coñazo tremendo cargar con los folios.

A una semana de la boda escribí en un rato el primer borrador del discurso. Para ayudarme usé un artículo de Internet en el que daban unos cuantos consejos acerca de la escritura de este tipo de textos. Cogí algunos de los consejos y deseché la mayoría porque me parecía que iban a convertir aquello en algo demasiado elaborado. Dejé que mi hermano leyera aquella primera versión y coincidió conmigo en los principales fallos. Unos días después reescribí las partes que lo necesitaban y lo arreglé un poco. El día antes de la boda volví a darle algunas vueltas y corregí algunos pequeños detalles. No sabía si el discurso estaba listo y no me parecía demasiado bueno, pero si seguía trabajando en él no iba a terminar nunca, así que aparqué la tablet en la que estaba trabajando y decidí olvidarme hasta el día siguiente.

En la mañana del día de la boda mi hermano y yo teníamos que desplazarnos para una sesión de fotos en la que los familiares y amigos “ayudaríamos a vestirse” al novio. Me aseguré de que la tablet iba conmigo en todo momento; era un poco una mezcla de “no quiero separarme del discurso” y de “ay, como me la deje en alguna parte”. Al volver a la finca de la celebración saludé a los invitados que ya habían llegado y tomamos limonada mientras esperábamos a que fueran llegando los demás. Yo seguía sin ponerme nervioso, vestido con mi traje azul marino casi negro, mi corbata verde, mis zapatos marrones y mis gemelos de cubos de Rubik. Seguían llegando invitados y cada vez estábamos más polarizados: a la sombra mi familia, la de la novia al sol.

Nos dimos cuenta de que algunos invitados empezaban a tomar posiciones en la arboleda que acogería la ceremonia y decidimos acercarnos. Esperamos hasta que la mayoría de invitados llegó y entonces la jueza de paz se arrancó, visiblemente nerviosa, con un discurso en el que se trabó varias veces. En seguida llamó a la hermana de la novia, para que se acercara a leer su discurso. Ahí empezaron mis nervios porque pensaba que yo iba después. Sin embargo, después de ella leyó una prima de la novia. Y entonces sí, llegó mi momento. Me llamaron y me acerqué por donde menos se lo esperaba la mujer que ya pensaba que yo no había acudido.

Coloqué el micrófono a mi altura, eché un vistazo a los invitados, miré a los novios y desbloqueé la tablet para empezar a leer mi discurso. Lo primero que hice fue descartar el comienzo del texto. En parte porque me parecía que no iba a resultar tan gracioso como en mi cabeza y, por otra, porque no tenía atril como había esperado. En ese inicio desechado fingía ponerme a dar un discurso político y luego pedía disculpas por haberme equivocado. Entonces improvisé, por puros nervios, un “A ver cómo sigo yo después de estos dos pedazo de discursos” o algo así y me puse a leer lo mío.

Arranqué con la mítica frase de Bilbo en su discurso de cumpleaños:

No conozco a la mitad de ustedes ni la mitad de lo que querría, y lo que yo querría es menos de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece.

Bueno, cambiando el los “ustedes” por “vosotros”, que al fin y al cabo estábamos entre familia. La idea de incluir este fragmento de El señor de los anillos no fue casual; cuando empecé a plantearme qué escribir me imaginé de pie ante los invitados y pensé que no conocería a la mitad de aquellas personas. Y, claro, esa frase vino inmediatamente a mi cabeza. El único fallo aquí fue que los nervios me impidieron fijarme en las caras que debió poner la gente al escuchar semejante trabalenguas. No recuerdo si se rieron.

Proseguí con la parte en la que hablaba del novio. Contando alguna anécdota de cuando éramos pequeños y hablando de lo unidos que hemos estado casi siempre. De vez en cuando levantaba la mirada y, ya que los nervios y la timidez me impedían mirar al grueso de los invitados, echaba ojeadas a los novios y padrinos. Y me di cuenta de que mi hermano estaba a punto de llorar. Al parecer -yo no me di cuenta-, cuando hablé de cómo jugábamos de pequeños incluso le empezó a temblar la barbilla. Luego vino la parte de la novia, sobre cuán poco la conozco todavía y la relación que nos une. Esta parte supongo que fue más graciosa que emotiva. El discurso lo cerraba un final en el que hablaba de los churumbeles por venir y mi necesidad de convertirles en frikis. Terminé de leer, le puse la cubierta a la tablet, me acerqué a besar y abrazar a novios y padrinos, y me alejé lo más rápido que pude del centro de atención.

La ceremonia prosiguió, se pusieron los anillos, se besaron y mi hermano leyó su discurso. Le quedó tremendamente emotivo porque luchaba por no romper a llorar con un nudo en la garganta que a nosotros nos puso en el estómago. Entonces los novios se fueron con los fotógrafos a hacerse fotos por la finca mientras los demás íbamos a empezar a beber y comer.

La anécdota más graciosa relacionada con el discurso fue cuando me acerqué al DJ a pedirle algo de heavy. Bueno, al menos esa era la idea de mi primo Álvaro, pero hubo que rebajarlo un poco. Supuse que si poníamos Avenged Sevenfold nos íbamos a cargar la fiesta, así que opté por algo un poco más conocido; quizá así el impacto sería menor. De modo que mi primo y yo nos acercamos al DJ, que se sonrió al verme por allí. Sorprendido, llego hasta él y me hace una seña para que pase al otro lado de su mesa, colocándome a su lado, y me dice “A ti te estaba esperando yo”. En un principio no entendía por qué podía estar esperándome, hasta que caí en que él había estado presente durante mi discurso. En la parte final, cuando hablé de los futuros sobrinos dije que “había mucho heavy metal que ponerles”. Por eso no me sorprendió que a continuación me preguntara si quería que pusiera algo de Iron Maiden. No era mala idea, pero mi primo y yo habíamos pensado mejor en algo de AC/DC. Yo le pedí Highway to Hell y el DJ me propuso un Thunderstruck; le dije que me valía cualquiera de las dos. Canción y media después sonaba AC/DC y los invitados de la fiesta se quedaron un poco sin saber cómo reaccionar.

Pero a lo largo del día bastantes personas se acercaron hasta mí para decirme que les había gustado mucho mi discurso. Las reacciones se podían resumir, mayoritariamente, en:

  • Cabrón, casi me haces llorar
  • Cabrón, cómo me has hecho llorar

Y aquello me llenó de una especie de felicidad que no había saboreado hasta entonces. Algo que había escrito yo en unos cuantos ratos sueltos, no más de media hora, había llegado bastante profundo al corazón de muchas personas. Es más, yo lo había concebido como un texto gracioso, con una referencia friki y montones de chistes y coñas, y la mayoría de la gente recalcaba lo emotivo que les había resultado hasta el punto de hacerles llorar, o casi. Ese día me di cuenta de que esto es lo que siempre he querido: escribir unas palabras y conseguir reacciones emotivas de la gente, ya sean risas o lágrimas.

Y para eso estamos aquí 😉

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Porqué escribo / Why I write

Image: Power of words by Antonio Litterio

Note: English version below

Tengo una cierta necesidad de narrar historias casi desde que tengo memoria. Durante muchos años el medio elegido fue el cómic, pero a medida que fue pasando el tiempo me di cuenta de que, para hacerlo bien, tenía que dedicarle demasiado tiempo (escribir guión, dibujar, entintar, dar color, publicar…). Tengo muy claro que si hubiera podido habría entrado en una escuela de dibujo en lugar de la universidad. Pero la vida me llevó por otro camino y hace poco más de un año decidí que quería probar a cambiar de medio y retomar la escritura.

Ya de pequeño empecé a escribir un buen número de novelas, pero todas las abandonaba al llegar un punto en que me daba cuenta de que estaba, más o menos, plagiando tal o cual libro. Cuando tomé la decisión de intentar empezar a escribir novelas lo primero que hice fue apuntarme a un taller de escritura. Tras tres meses en los que aprendí algunos conceptos básicos me di cuenta de que el formato taller no era para mí: necesitaba algo con más teoría. Ahora ya he terminado un curso de novela en el que he aprendido mucha más teoría y siento que tengo todo lo que necesito para escribir.

Supongo que siempre lo he tenido, pero ahora ha aumentado mi confianza en que puedo. Pero como escribir una novela va a ser un proceso muy largo y hay posibilidades de que me dé por vencido antes — demasiada tendencia a procrastinar y cierta dificultad para terminar proyectos — , he decidido empezar por cosas más pequeñas. Mientras voy trabajando en un relato corto, aquí iré compartiendo entradas con textos aún más cortos, algo que pueda empezar y terminar en cosa de una semana. El primer mini-relato ya está terminado, sólo falta que pase por una suerte de proceso de beta-lectura.

Y para eso necesito vuestra ayuda. Si tenéis tiempo y os apetece, entrad en la página Beta-lectores y pinchad en el enlace para daros de alta. Cuando termine un nuevo mini-relato lo enviaré a todos los que estéis dados de alta en la lista de correo. Y una vez lo hayáis leído y yo haya hecho las correcciones pertinentes, publicaré el texto aquí. Es especialmente importante que, si se os da bien el inglés, me aviséis de errores que veáis, ya que no es mi primer idioma. O sugerencias de vocabulario o cualquier otra cosa que pensáis que podría hacer para mejorar la versión en inglés 😉

Y luego, cuando publique cada entrada, seáis beta-lectores o no, agradeceré saber qué os ha parecido el mini-relato, qué os ha hecho sentir. Porque en parte para eso escribo: para haceros sentir cosas con mis palabras, para que durante el rato que tardéis en leerlo podáis abstraeros de todo y sumergiros en ese mundo que hay dentro de mi cabeza y que comparto con vosotros.

Espero conseguirlo 😉


I have had a certain need to narrate stories almost for as long as I can remember. For several years the chosen medium was comics, but as time went by I realized that, in order to do it right, I had to spend too much time on it (writing the script, drawing, inking, coloring, publishing…). I’m pretty sure if I had had the opportunity I’d have signed up in an art school instead of college. But life made me go another way and about a year ago I decided I wanted to try and change medium and start writing novels again.

When I was a kid I started to write a good number of novels, but I abandoned them all when I reached a point where I realized I was, more or less, plagiarizing this or that book. When I decided to start writing novels again the first thing was to sign up in a writing workshop. After three months in which I learnt some basic concepts I realized the workshop format wasn’t for me: I needed more theory. Just now I’ve finished a writing novel course in which I have learnt a lot more theory and I feel like I have all I need to write.

I guess I always had it, but now I have gained confidence. But since writing a novel is going to be a very long process and there’s a chance I’ll abandon before finishing — too much tendency to procrastinate and a certain difficulty to finish projects — , I have decided to start small. While I’m working in a short story, I’ll share posts with even shorter texts, things I can start and finish within a week. The first mini-story is already finished, now it’s just a matter of going through a beta-reading process.

And for that I need your help. If you have the time and feel like it, go to the page Beta-readers and click on the link to sign up. As soon as I finish a new mini-story I’ll send it to all the subscribers. And once you have read it and I’ve made the necessary corrections, I’ll publish the text here. It’s specially important that you warn me about mistakes in English, since it’s not my mother tongue. Or suggestions about vocabulary or any other thing I could do to improve the English version 😉

And then, when I publish every post, beta-reader or not, I’ll thank you for letting me know what you think about the mini-story, what it made you feel. Because in part that’s why I write: to make you feel things with my words, to allow you to withdraw from everything while you read it and immerse yourselves in this world inside my head that I share with you.

I hope I’ll achieve that goal 😉

El blog ha muerto; larga vida al blog

Hace casi exactamente tres meses que decidí abandonar este blog en wordpress.com por uno que yo mismo alojara y gestionara. Y así lo hice, pero en todo este tiempo sólo he escrito una entrada porque me da una pereza terrible gestionar el otro blog.

No tardé nada en dar de alta el hosting e instalar wordpress. De hecho la empresa donde lo tengo alojado tiene unos tutoriales maravillosos que me ayudaron a configurar e instalar todo lo necesario, incluyendo los ajustes relativos a la seguridad. Pero seguir con él se ha convertido en una pesadilla porque cualquier actualización al software (ya sea el propio blog o los plugins o plantillas) la tengo que hacer a mano. Y la primera fue hasta divertida, pero con el tiempo ha dejado de serlo y ya paso; no quiero que esto me suponga un suplicio porque entonces dejo de escribir.

Así que voy a destruir aquel blog y retomar éste con una pequeña diferencia: voy a mantener este blog sólo para mis movidas más personales. Para todo aquello a lo que quiera dar más visibilidad voy a usar Medium.

Así que ya sabéis, si todavía me lee alguien pasad de dhalcojor.com/blog y centraos en este y medium. Pondré enlace a medium cuando publique mi primera historia allí 😉

¡Perdón por las molestias con tanto cambio!

Mudanza de blog

A quien pudiera interesar (algún seguidor creo que tengo) os informo de que me mudo de blog. He recuperado mi antiguo dominio dhalcojor.com (aunque en la raíz todavía no tengo nada) y el blog ahora está alojado en dhalcojor.com/blog.

Todo esto es debido a que como parte de mi autoformación en el mundo de la informática y la programación quería coger un alojamiento que me diera mucha libertad para poder subir aplicaciones web y hacer un poco lo que yo quiera. Así que he instalado todo a mano en el servidor y he montado el blog e importado todo desde éste. Hasta donde he podido ver, todo funciona y tiene el mismo aspecto que aquí.

Espero que no le suponga ninguna molestia a nadie.

La amistad muerta

Bajé al garaje, como tantos días, para coger el coche y dirigirme a trabajar. De mala gana abrí la puerta tras la cual me esperaba mi medio de transporte. Mientras sacaba la llave del coche y guardaba las de casa vi, casi de reojo, que el coche de mi vecina se ponía en marcha.

Pero aquella no era una vecina cualquiera. Hacía apenas año y medio que la conocía, algo más de un año desde que me enamoré de ella, poco menos de siete meses desde que el estar más cerca de ella me hizo elegir el piso en el que vivo y unos dos meses desde que no hablábamos. Una montaña rusa emocional que había terminado descarrilando. A estas alturas yo ya ni siquiera la consideraba amiga y estaba bastante cabreado con ella.

Me dirigí a mi coche bajando la mirada, pulsé el botón del mando del coche que abría las puertas y me quité la bolsa bandolera mientras escuchaba cómo su coche se acercaba. Me concentré en lo que hacía poniendo mucho empeño en no echar una ojeada en su dirección. Mientras abría la puerta del coche noté cómo su vehículo deceleraba, pero no hice caso. Por un momento sentí que se detenía y salía del coche para saludarme y darme un abrazo, consciente de que estaba dejando morir una amistad y sintiéndose culpable por ello. Pero era tan sólo mi imaginación: ella siguió su camino sin siquiera tocar el claxon para llamar mi atención o bajar la ventanilla para decirme algo al pasar.

Al sentarme frente al volante fui plenamente consciente de la muerte de una amistad que llevaba meses agonizando.

 

Fuente de la imagen: Friendship Street – Dead end by Katsa2009

El año de leer sólo mujeres

Antes de entrar al grano, si te chirría ese sólo con tilde te remito a este tuit de Arturo Pérez Reverte:

Y ahora paso a explicar de qué va esta entrada.

Siempre he sido bastante activo en twitter desde que abrió allá por el 2007. Bueno, desde que abrió no, que al principio era una sosez donde la gente entraba a decirte que se iba a comer o al baño. Absurdo e inútil. Pero luego se convirtió en una especie de foro de debate donde puedes encontrar a todo tipo de personas diciendo todo tipo de cosas. Y a parte de imbéciles integrales hay gente muy interesante a la que seguir.

Fue así como empecé a leer sobre feminismo. Lo primero, darme cuenta de que feminismo no es lo opuesto al machismo en el sentido de que lo que buscan las feministas es decantar la balanza de su lado. Lo que busca el feminismo es la igualdad entre sexos, es decir, que la balanza quede equilibrada. Y a partir de ahí me empezó a interesar muchísimo el tema. Siempre me han jodido las desigualdades y cuando lees sobre este asunto te das cuenta de lo poco visibilizado que está. Gracias a maravillosas mujeres como @Barbijaputa, @MetaMaiko o @srtagalicia se va uno dando cuenta de la cantidad de injusticias, impertinencias o incluso amenazas que tienen que soportar sólo por ser mujeres, pero también se descubren iniciativas interesantes.

Y yo que me quiero convertir en escritor me he apuntado a una iniciativa cuyo origen desconozco pero que consiste en empezar a leer sólo libros escritos por mujeres. Porque ya he leído varios artículos que me han hecho darme cuenta de que necesitamos más variedad en las historias que leemos, especialmente si queremos convertirnos en narradores. Así que ya está bien de leer solamente a autores varones, blancos, heterosexuales y cisgénero. Toca empezar a leer también lo que nos cuentan mujeres y gente de otras razas y orientaciones sexuales. Porque, como dicen, en la variedad está el gusto.

Para empezar, le voy a coger prestada a MetaMaiko su lista de Goodreads: mujeríos. Y, en cuanto tenga mi propia lista, la compartiré por alguna parte.

Cambio de narrador

El jueves pasado la profesora nos propuso un ejercicio a realizar durante la propia clase (en lugar de como ha venido siendo hasta ahora: ella proponía uno o varios ejercicios para la semana siguiente). Nos dio un texto que había extraído de un relato corto de Sam Shepard titulado “Rosa sintético”. Os copio el texto —esperando que no me dé problemas— y luego os explico en qué consistía el ejercicio.

De vez en cuando lo veo. Sentado en la cafetería. Satisfecho. Partiendo el pan. Mirando por la ventana. Removiendo su café ensimismado. No sé en qué piensa, pero no se trata de problemas graves. Su rostro está tranquilo. No tiene preocupaciones. El periódico está pulcramente doblado a su lado; plegado con precisión. Sus gafas reposan sobre el mantel. Todo es plácido a su alrededor. Lo que le rodea está en orden. Come la sopa a la manera europea, ladeando el cuenco y levantando la cuchara en lugar de inclinarse sobre él. Se seca el labio superior meticulosamente con la servilleta de lino y se limpia con delicadeza las migas que le han quedado en la barbilla. Vuelve a colocarse la servilleta sobre los muslos y al tiempo que la extiende la va alisando para que no quede ninguna arruga. Veo los destellos del anillo que lleva en el dedo meñique. Tiene una piedra azul que refleja el sol que entra por la ventana. Fuera revolotea un pájaro; él levanta la vista para seguir su vuelo y después vuelve a mirar su cuenco de sopa vacío. Desplaza el cuenco a un lado con ambas manos y con un movimiento pausado toma el vaso de agua. Bebe sin parar hasta vaciarlo. Veo cómo su nuez sube y baja mientras se traga el agua helada. Cierra los ojos, como si estuviese en éxtasis, soñando con algo muy lejano

[…]

Estuve presente cuando le abrieron la boca y le quitaron la dentadura postiza. La depositaron sobre una mesa de acero inoxidable y le sujetaron una etiqueta amarilla con un alambre. En la etiqueta había unos números escritos en negro. Los números correspondían al día y la hora de su muerte. Colocaron otra etiqueta con los mismos números en el dedo gordo de su pie derecho. Después se llevaron el cadáver. La etiqueta amarilla que colgaba del dedo del pie se movía ligeramente, como una minúscula bandera, hasta que desapareció tras las puertas batientes. Las puertas siguieron batiendo durante un rato y finalmente se detuvieron. Su dentadura seguía sobre la mesa de acero inoxidable. Las encías eran de un rosa sintético y todavía había un trocito de ensalada adherido entre dos muelas. Le di la vuelta a la etiqueta amarilla, en el otro lado había más números negros: su fecha de nacimiento.

La propuesta era coger lo dicho en el primer párrafo y, basándonos en eso, escribir un pasaje en tercera persona, usando un narrador externo omnisciente y desde el punto de vista del viejecillo. Entre las ideas que nos dio la profesora me gustó la de dar una pista acerca de la causa de la muerte. Y esto es lo que escribí:

Ya está ahí otra vez. Le he visto de vez en cuando, observándome en silencio. Yo como tranquilo, tomándome mi tiempo, acompañado por mis manías de siempre. Pliego mi periódico y lo coloco sobre la mesa en la posición, mil veces estudiada, en que menos me va a molestar. Me quito las gafas para no prestar atención a lo que podría ver. Esto me permite concentrarme en los olores y sabores de todo lo que amablemente Jack, mi camarero, me trae a la mesa. Cuando llega el momento del café recupero las gafas para poder echarle un último vistazo a ese caballero alto, moreno y de gestos delicados. Creo que nunca se ha dado cuenta de que sé que me observa. Estoy seguro de que esto se debe a que no todo el mundo le ve y es descuidado en ese aspecto. Me ha parecido que viene más a menudo desde el fatídico diagnóstico, pero también es posible que sea mi imaginación, o que el cáncer me esté dando unos días de mayor lucidez antes de quitármelo todo. Aunque sin duda prefiero la teoría que más le gustaría también a mi querida Betty: que es mi ángel y me vigila esperando el momento en que me tomará de la mano y me llevará junto a ella para no volver a separarnos nunca.

Me gustó bastante, así que trabajaré en él más adelante a ver si puedo mejorarlo un poco. ¿Qué os parece este primer borrador?

Yo, en otra vida, fui gato

Primer cuento que comparto con vosotros. Fue un ejercicio del taller al que asistí en primavera. La premisa era que teníamos que elegir un animal y escribir un cuento en el que nos describiéramos como tal, siendo al principio más animales que humanos e irle dando la vuelta hasta terminar siendo lo contrario.

Primer cuento que comparto con vosotros. Fue un ejercicio del taller al que asistí en primavera. La premisa era que teníamos que elegir un animal y escribir un cuento en el que nos describiéramos como tal, siendo al principio más animales que humanos e irle dando la vuelta hasta terminar siendo lo contrario. A ver si os gusta y, ¿qué pensáis? ¿Conseguí el objetivo?

Yo, en otra vida, fui gato. Pero no uno de esos adorables mininos que se puede encontrar en cualquier rincón de internet. No; yo fui un gato solitario y arisco. De los que, si te acercas para arrascarle la barriga, te suelta un zarpazo. O que suben por las escaleras con tal de ahorrarse las anodinas “conversaciones de ascensor”. Y no era que por naturaleza yo sintiera esa necesidad de estar solo. Lo que pasa es que hay humanos que son muy aburridos y yo siempre ando buscando esa chispa de originalidad.

Un felino rápido y ágil, imposible de arrinconar, siempre con una ruta de escape, que regatea con las palabras y esquiva las preguntas incómodas.

Recuerdo que era cariñoso, en ocasiones hasta el punto del empalago. Aunque rara vez con quien más lo merecía. Ahora que lo pienso, quizá debiera haber sido más justo en este apartado.

Y sigiloso, por supuesto. Cómo me gusta acercarme a alguien, en completo silencio, colocarme de forma que no me vea y esperar, aguantando la respiración, ese movimiento hacia lo que debería ser aire y que en cambio está ocupado por un gigantón de ojos azules que por poco no te mata del susto.

Estrenando curso de escritura

En el que os cuento acerca de mi naturaleza creativa y cómo he terminado queriendo escribir novelas.

Hmmm… He estado repasando las entradas del blog y parece ser que no he comentado nada acerca de mis aspiraciones como escritor. Sí, bueno, colgué un relato, pero no he dado ningún tipo de explicación al respecto. Aquí va.

Desde muy pequeño me he sentido atraído hacia el arte. Al principio me atrajo mucho el dibujo y aprendí a hacerlo calcando los manga de Dragon Ball. Con el tiempo mejoré lo suficiente como para poder copiarlos. Después apareció la necesidad de contar historias y comencé a dibujar mis propios cómics usando personajes de la serie. Finalmente, mis cómics empezaron a ser protagonizados por personajes de cosecha propia. Pero también me llamaba la atención el mundo de la escritura. Mi madre me enseñó mecanografía y no se me ocurrió mejor forma de practicar que intentando escribir mis propias novelas. Las fui abandonando todas porque después de un buen puñado de páginas me daba cuenta de que eran demasiado parecidas a algo que había leído.

A medida que fui creciendo, quise poder contar mis historias mejor. En cuanto pude, me apunté a un curso de ilustración y cómic. Aunque terminé abandonándolo, decepcionado, al poco de empezar el segundo año, aprendí cosas interesantes. Me compré libros para aprender acerca de narrativa, anatomía, composición, perspectiva… Pero muchos de ellos no los llegué a abrir. Me daba mucha pereza tener que “estudiar” todo aquello para poder hacer mis cómics bien. Y, pecando de demasiado perfeccionista, no quería dibujar mi “obra maestra” hasta que no pudiera hacerla lo mejor posible. De modo que ni aprendía la teoría ni practicaba para ser mejor.

Llegó un momento en que me agobié pensando que no tenía suficiente tiempo para dibujar y decidí dejar apartado mi intento de dibujar cómics y cambiar el formato de mis historias. Un poco influenciado por Kenny Ruíz, que mientras me firmaba uno de sus manga de Dos Espadas me sugería probar a escribir guiones de cómic y que fuera otro el que los dibujara. No era mala idea, pero no conocía a ningún otro dibujante lo suficientemente bien como para proponer una colaboración, así que pensé que quizá era el momento de retomar la escritura de novelas.

Durante la pasada primavera estuve asistiendo a un taller de escritura. Y me picó el gusanillo. Conocí a gente encantadora y aprendí algunas cosas, pero lo único que escribíamos eran micro cuentos y yo quería aprender a escribir novelas. Es un formato muy distinto y la forma de escribir difiere demasiado. Así que, viendo que en ese taller no iba a aprender lo que yo quería, terminé tomando la decisión de cambiar de escuela y asistir a un curso centrado en escribir novela.

Empecé este jueves y pinta bien. En las próximas semanas empezaré a escribir mucho más, dado que nos van poniendo “deberes”. Iré colgando esos ejercicios por aquí, para quien quiera leer lo que tenga que decir. A ver qué os parece; espero que os guste. Si es que alguien me lee…

Pero antes de compartir los escritos que haga para este nuevo curso, voy a repasar los que hice para el taller y colgaré aquí los que me parezcan medianamente buenos. Aunque de momento sólo se me ocurre uno.

¡Nos vemos!

IKEA workout

¿Quién quiere gastarse la pasta en ir al gimnasio cuando puede emanciparse alquilando un piso sin amueblar? Llevo tres días de bastante paliza, y lo que me espera aún.

¿Quién quiere gastarse la pasta en ir al gimnasio cuando puede emanciparse alquilando un piso sin amueblar? Llevo tres días de bastante paliza, y lo que me espera aún.

El lunes me pasé por IKEA y compré lo básico para empezar a vivir allí (en el piso, no en la tienda). Ya iba con la intención de contratar el servicio de transporte porque los muebles no me iban a caber en el coche, pero también con la —inteligentísima, pensaba yo entonces— idea de ahorrarme el servicio de que un tío recoja todos los muebles que quieres. Bien, permitidme un consejo: si vais al IKEA a comprar muebles para toda la casa, cosas voluminosas… PAGAD EL PUTO SERVICIO. Terminé empapado en sudor y bastante cansado, de cargar las jodías cajas en el carrito y luego menearlo todo por allí —pandero included. A lo que hay que sumar el carro rebelde que se negaba a circular en la dirección indicada por los empujones de un servidor, y el hecho de que en pleno mes de julio ese puñetero comercio no tenía aire acondicionado.

El martes estuve casi cuatro horas esperando los muebles tirado en el suelo —literalmente, no tengo donde sentarme, a parte del váter. Después, casi dos horas empezando a montar la cama, que debe tener más piezas y tornillos que un T-800. Al final me fui con tan sólo medio armazón montado y unas piernas con tembleque, de tanto levantarme y agacharme.

Ayer, miércoles, estuve media tarde montanto un zapatero y una librería. Luego vino un refuerzo y seguimos montando la cama. Que sigue sin terminar, su puta madre xD Al final ya no tenía ni fuerzas para terminar de apretar unos tornillos especialmente largos.

Hoy, jueves, tengo bastantes agujetas, sobre todo en la parte trasera de los muslos. Tengo cansancio muscular generalizado y muy especialmente en la mano derecha —quién me lo iba a decir, con la de horas de, ejem, entrenamiento que tiene. Y ahora, cuando salga del curro, supongo que me iré p’allá a seguir montando cosas. Si es que tengo fuerzas. Venga, que sí, YO PUEDO.

Así que eso, quién quiere pagar un gimnasio cuando puedes apuntarte al IKEA workout…