Running for my life – S01E04

Cuando inauguré el blog con una entrada sobre cómo me he convertido en runner se me olvidó comentar que hay una aplicación para el móvil que me hace esa media hora que paso trotando mucho más amena: “Zombies, Run!”.

Si te gusta la ciencia ficción, los videojuegos o el rollo zombi, esta aplicación te encantará si además sales a correr. Te propone misiones de treinta minutos o una hora durante las cuales, de vez en cuando, te van contando una historia en la que tú eres uno de los protagonistas —mientras el resto del tiempo puedes ir escuchando tu música favorita. En un perfecto inglés británico, distintas personas interpretando varios personajes te van narrando la típica historia en un futuro post-apocalíptico, después de un holocausto zombi. Es divertido y, teniendo en cuenta que salgo a correr a las 6 de la mañana, la ambientación no podía ir más acorde con lo que voy escuchando.

Esta mañana he hecho la cuarta misión de la primera temporada y me ha costado horrores, a pesar de que dejé pasar el lunes —que es cuando suelo salir a correr, junto con los miércoles— para que las piernas estuvieran un poco más recuperadas de la paliza del sábado. Pero se va notando y poco a poco me va suponiendo menos esfuerzo correr cuesta arriba o llevar un ritmo algo más rápido.

Por qué odio la informática en España

La razón de por qué odio tanto el sector del desarrollo de software en España se puede resumir con una descripción de la reunión que he tenido esta mañana.

Entramos en la sala de reuniones los tres desarrolladores del equipo —al menos, los tres de este equipo—, donde ya nos esperaban la analista funcional y el jefe de equipo de esta semana. Sí, el de esta semana, porque hace dos semanas teníamos otro distinto, antes de eso no teníamos jefe de equipo y dentro de dos semanas tendremos otro. Gestionar, lo llaman.

En el extremo opuesto de la sala podemos ver, ya antes de ocupar nuestros asientos, el papel que nos tienen preparado sobre el caballete —supongo que no es suficientemente importante como para haberse currado unas diapositivas—. Escrito con un rotulador de esos gordos podemos leer el nombre de la versión que estamos preparando junto a la fecha de entrega —fecha que no conocíamos la semana pasada. Debajo, los días de aquí al día 4 del mes que viene —laborables, siete—, colocados igual que en un calendario.

Y el jefe de equipo abre con la frase que me mata y me envía directo al infierno de la consultoría, sin pasar por la casilla de salida ni cobrar una puta mierda:

“La fecha que veis ahí, no es una fecha que haya fijado el cliente, pero no podemos relajarnos, así que, internamente, nos comprometemos a entregar ese día.”

Lo que viene después es una presentación del reparto de tareas —estimadas por Rita La Cantaora— explicando cómo, si nos esforzamos, podemos tener la versión lista a tiempo.

—Y así, si el viernes a las tres hemos terminado, bueno, o a las dos y media —sonrisa de Ésta Recompensa Tan Fabulosa No Os La Esperábais, ¿Eh?—, nos vamos a casa y a descansar el fin de semana.

Yo me los imagino en un despacho, sentados alrededor de una mesa, apoyando las barrigas en la superficie de madera, con los brazos detrás de la cabeza y sendos puros colgando de los labios mientras alguien comenta con alegría que «Tampoco se van a morir por hacer un sobreesfuerzo por la empresa, una semanita echando diez o doce horas diarias, y así nosotros quedamos bien con el cliente».

Y algún día, espero —probablemente cuando yo ya me haya retirado o los haya matado a todos y esté encerrado de por vida—, se darán cuenta del valor de tener a los empleados descansados y contentos. Pero mientras tanto, nos toca aguantar esta mierda.

Que me he hecho runner, tú…

Pues sí, quién se lo iba a imaginar… Si hace unos meses me dices que yo también me iba a apuntar a la moda esta de ponerse a correr por la calle para ponerse en forma, me hubiera reído a base de bien. En tu cara. Pero, mira por dónde…

En realidad, todo ha sido culpa de David y Sonia —unos amiguetes deportistas—, que me dieron envidia al verles en facebook, una y otra vez, participando en todo tipo de locuras: maratones, triatlones, triales. Sí, has leído bien: me dieron envidia. A mí, un tío con un largo historial de sedentarismo y sobrepeso.

No sé qué me ha pasado en el último año, pero me he transformado. Desde que en noviembre me tuve que volver a casa de mis padres tenía muy claro que una de mis prioridades tenía que ser el deporte y ponerme en forma. Me apunté al gimnasio, y no sólo he ido sino que sigo yendo. Vale, no voy tan a menudo como debería —y me gustaría—, pero voy. Yo iba al gimnasio en modo antisocial, como siempre, con mis auriculares hasta arriba de buen heavy metal y mejor hard rock, a darle caña a las máquinas de poleas y, de vez en cuando, a hacer algo de cardio. Luego, Eli —una amiga que ha transformado su cuerpo en unos años y que también me da mucha envidia— me convenció para que empezara a ir a una clase colectiva de entrenamiento funcional. Aquello me vino genial y los ejercicios que aprendí a hacer allí me acompañan ahora cuando voy yo solo.

Y en los últimos meses la metamorfosis ha seguido su curso: primero, la envidia que comenté de ver a David y Sonia participando en sus competiciones me llevó a proponerme como objetivo a medio-largo plazo el hacerlo yo también. Aunque en algo mucho menos ambicioso, alguna carrera de cinco kilómetros, diez, como mucho. Después, me marqué como objetivo el convertir el deporte en mi prioridad a partir de septiembre y lo estoy cumpliendo. Aunque no estoy consiguiendo ir más al gimnasio, sí que he conseguido hacer más ejercicio en general. Se ha juntado que a Javi —un viejo amigo del instituto— le ha dado por querer salir todos los sábados con la bici —esta semana completaremos el cuarto consecutivo— y que a mí me ha dado por empezar a salir a correr por las mañanas.

Antes del verano, si veía a alguien corriendo por la calle a las 6 o las 7 de la mañana me reía pensando Mira el pringao éste, pudiendo estar en la camita durmiendo tan a gustito. Ahora, el pringao soy yo. Aunque, qué coño, de pringao nada… La razón de que me haya hecho runner ha sido el curro. A mediados de agosto cambié de empresa y en el nuevo proyecto están siendo muy exigentes, muy poco organizados y muy Empresa De Consultoría Española. De las de ¿Por qué echar sólo ocho horas cuando puedes hacer diez?. Y, como estoy viendo que he entrado de lleno en ese mundo en el que sabes a qué hora entras a trabajar pero no a qué hora sales, pues he decidido tomarme la revancha entrando más tarde algunos días. Y, siguiendo mi máxima prioridad, ese tiempo extra lo quería dedicar a hacer ejercicio, no a dormir. Y, como a las 6 de la mañana no me quieren abrir el gimnasio, pensé que la única alternativa era salir a correr. Tampoco quiero eternizarme: salir a correr media hora y listo. Y eso estoy haciendo desde hace una semana.

Me he hecho runner, tú… quién me lo iba a decir.

Foto del post: Running by Giuseppe Milo