Combustión espontánea

Inauguro esta sección con un relato corto. Lo de la contraseña es por no hacerlo público del todo, ya que puede que envíe el texto a un concurso. Por cierto, he deshabilitado los comentarios para que no os influyáis entre vosotros 😛 Sin más dilación, te dejo con la historia, espero que te guste:

Actualización: habilito los comentarios y hago la entrada pública. Hace meses que no gané este concurso, ya iba siendo hora 😛

Combustión espontánea

El detective se presentó en la escena del crimen, un modesto apartamento en una concurrida calle de Nueva York, con una idea ya preconcebida de lo que había ocurrido en el salón de la vivienda. “Increíble, Twitch, una combustión espontánea” le había dicho su compañero, Sam, por teléfono, al informarle de lo sucedido. Subió hasta la octava planta del bloque de apartamentos y se encontró con un par de policías de uniforme a los que saludó con un gesto de la cabeza. Sam estaba dentro, excitado como un niño en la víspera de Navidad.

–¡Twitch! ¡Por fin! ¡Fíjate! –gritó su compañero desde el otro lado de la estancia, al tiempo que hacía enormes aspavientos. –Mira ese montoncito de ceniza, ¡es increíble! ¡Como en aquella serie de los noventa! ¿Cómo se llamaba…?

–“Expediente X” –contestó Twitch, sin hacer mucho caso a su compañero. Observaba la escena con detenimiento, intentando no perder detalle alguno. Pero todavía no sabía qué se suponía que estaban investigando. Sólo tenía una cosa clara: no era una combustión espontánea. –¿Qué tenemos aquí? –añadió, dirigiéndose a la forense.

–A pesar de que pueda parecer una locura, su compañero podría tener razón –indicó–. Estos residuos de la moqueta parecen ser restos humanos, aunque no podré estar segura hasta que no lo corrobore el laboratorio.

–Está usted insinuando –empezó Twitch, con cierto tono de sorna–, que de verdad cree que una persona pueda haber ardido espontáneamente… por completo… sin llama…

–¿Sin llama?

–Claro. Si hubiera habido algún tipo de fuego, ¿no cree que habría ardido también la moqueta? Por no hablar del escritorio, la silla, la media docena de cajas…

Mientras la forense se giraba y observaba la ausencia de elementos quemados con el ceño fruncido, el detective se paseó por la habitación. Todo parecía indicar que allí residía una pareja joven, recién mudada.

–Sam, todavía no me has informado de la situación.

–Cierto, perdona. Pero es que… ¡Una combustión espontánea!

–Sam…

–Está bien, está bien –rezongó Sam mientras sacaba su pequeño cuaderno con anotaciones–. El apartamento está alquilado por Joey, treinta y dos, y Anna, treinta y cuatro; fue él quien llamó a emergencias, está abajo con los de la ambulancia, en estado de shock. Según dice, se metió a la ducha mientras ella estaba en el escritorio trabajando con el ordenador. Cuando salió, vio el montón de ceniza en el suelo y se asustó. Buscó a Anna por todas partes, pero no la pudo encontrar. Entonces, nos llamó.

–¿Habéis hablado con los vecinos? ¿Nadie les escuchó discutir o pelear?

–Nadie ha oído nada raro, no.

–Tendré que hablar con Joey.

Twitch bajó por las escaleras, aprovechando para despejar su mente. «“Combustión espontánea”. Será imbécil.»
Salió del edificio y encontró a Joey, vestido únicamente con una toalla, sentado en la ambulancia, llorando en silencio la muerte de Anna.

–Buenos días, Joey. Me llamo Twitch, soy el detective encargado de investigar el suceso. ¿Podrías explicarme lo que ha pasado?

El relato de Joey era exactamente igual que lo que le había dicho Sam. Estaba a punto de hacerle otra pregunta cuando vio la cara de asombro que ponía el joven.

–¿Anna? –preguntó, como si estuviera viendo un fantasma.

–¿Qué ha pasado, cariño?

–Eso nos gustaría saber, señorita –comentó Twitch, al ver que un estupefacto Joey era incapaz de articular palabra.

–¿A qué se refiere? ¿Qué hace aquí la policía?

–Verá, al parecer cuando su marido salió de la ducha, vio un montón de ceniza donde debería estar usted y se asustó al pensar que, ejem, se pudiera usted haber… consumido misteriosamente.

–¿”Combustión espontánea”, Joey ? –por su tono, parecía que ya habían discutido sobre el tema –. ¿Cuántas veces tendré que decirte que esas cosas sólo existen en la ficción? Es mucho más sencillo –continuó, hablándole de nuevo al detective–, verá esta urna contiene las cenizas de mi tía, recientemente fallecida…

–Oh, mierda… –murmuró un avergonzado Joey.

–Como iba diciendo, tenía la urna en el escritorio y le di un golpe sin querer. Se cayó al suelo, se abrió y se derramó un poco del contenido. Y, como nos acabamos de mudar, me di cuenta de que no tenía con qué recogerlo y vengo de la tienda –concluyó, mostrando la escoba y el recogedor que llevaba en la otra mano.

El detective le dio las gracias a la joven y se alejó en dirección a su coche preguntándose cómo se apañaban algunas personas para sobrevivir día tras día…

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